Geisha significa artista. Por lo tanto, las geishas son mujeres que se dedican a las artes tradicionales, tales como la danza y la música, para entretener. No son prostitutas. De hecho, no pueden tocar a sus clientes. Esta falsa percepción que tenemos a veces en occidente de las geishas se debe a que después de la segunda guerra mundial, durante la ocupación estadounidense, muchas prostitutas aprovecharon lo exótico de su apariencia para atraer a clientes norteamericanos, creándose así el mito de que las geishas eran prostitutas. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, cuando surgieron, en el periodo Edo, no tenían ni por qué ser mujeres, aunque con el paso de los años solo acabó sobreviviendo el oficio de geisha llevado a cabo por mujeres.

 


Imagen: Maiko, una geisha en formación.

Las geishas debían someterse a un duro periodo de formación, en el que estudiaban todo tipo de artes – música, danza, canto, arreglo floral, ceremonia del té, etc. – hasta que se graduaban y se convertían en geishas formadas. También debían tener unos modales exquisitos y cultura general para poder conversar con los clientes sobre cualquier tema. Según su formación, las geishas se pueden llamar maiko, si todavía no se han graduado, o geiko, si ya lo han hecho. Tanto las maiko como las geiko, vivían en casas – llamadas okiya – regentadas por una geisha veterana, a la que llamaban okâsan, que significa madre. Esta okâsan corría con todos los gastos de formación de las maiko, que normalmente eran niñas de familias muy humildes que eran vendidas a las okiya, por lo que no podían pagar estos costes, y después, una vez se convertían en geiko, una parte de su sueldo iba para la casa, para devolver el coste de su formación y todos los gastos que habían ocasionado. Aunque en algunos casos, si la geisha tenía suerte, podía encontrar a un danna, una especie de mecenas, un hombre rico que la contrataba y la mantenía.

 


Imagen: Okiya, casa donde viven las geishas

Las geishas vivían en barrios especiales en las ciudades, los hanamachi, que significa literalmente “ciudad de las flores”, donde podíamos encontrar tanto las okiya donde vivían como los salones de té, los ochaya, donde trabajaban. En estos salones de té, se ofrecían banquetes para los clientes, donde podían disfrutar de la compañía de las geishas. Y fue en estos banquetes en los que, a mitades del siglo XIX, los conspiradores contra el gobierno del shogun Tokugawa urdieron sus planes para restablecer el poder del emperador, dando lugar al fin de los samuráis. Este favor dado a los vencedores hizo que su popularidad creciera entre las altas esferas, dando lugar a unos años de prosperidad para el negocio.

 


Imagen: Distrito de Ponto-chô, uno de los hanamachi de Kioto.

En la actualidad, a diferencia de los samuráis, las geishas todavía existen. No es una profesión muy habitual entre las jóvenes, pero en zonas urbanas como Kioto todavía hay núcleos que luchan por sobrevivir a unos tiempos que parece que las quieren dejar atrás. Ahora, las maiko evidentemente ya no son compradas ni vienen de familias campesinas, son jóvenes que después de completar la enseñanza obligatoria deciden dedicarse al mundo de las artes tradicionales y empezar su formación como geishas. Pueden vivir por su cuenta, pueden casarse y tener hijos, y pueden cambiar de profesión en cualquier momento. Incluso aprenden inglés para atraer a clientes extranjeros y usan las redes sociales, todo para intentar que esta parte del Japón tradicional no desaparezca.

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