He de confesar que empecé a leer el Bushido con ciertos prejuicios. Es un libro escrito por Inazo Nitobe en el año 1900, un diplomático japonés nacido en el siglo XIX, que explica la ética de la clase guerrera de Japón, los samuráis. Además, fue escrito en inglés directamente. Estos hechos, el año de publicación, el autor y el idioma, me hacían levantar una ceja. Sonaba a exaltación patriótica, a propaganda para occidente. Recordemos que Japón abrió sus fronteras en el año 1868 y durante los años siguientes quiso crecer tanto económicamente como en influencia internacional, exportando tanto productos como cultura, algo que hacían todas las potencias en ese momento y que siguen haciendo en la actualidad. Además, se trata de una tradición eminentemente oral, de la que hay algún texto escrito de la época como el Hagakure, pero me preocupaba que el libro romantizase en exceso un periodo histórico y exagerase una serie de valores como método de exaltación nacional. Sigo sin saber cuál era la verdadera intención del autor ni la fidelidad de lo que explica, pero sí que creo que el texto tiene valor en sí mismo como tratado filosófico.

El Bushido es el código de conducta de la clase guerrera del Japón feudal, los samuráis. Este se basa en siete valores: rectitud, valor, bondad, cortesía, sinceridad, honor y fidelidad. Es curioso que la clase guerrera se guíe por estos valores, pero hemos de tener en cuenta que Japón estuvo en guerra más o menos constante desde el siglo VIII al XVI, y tanto tiempo hace que incluso la guerra evolucione. Nos puede parecer que la guerra es caos, y seguramente lo sea, nunca he estado en una, pero a los seres humanos las normas nos dan seguridad. No en vano en la actualidad tenemos los Convenios de Ginebra, que regulan el derecho de los no combatientes en un conflicto armado. Es decir, actualmente en la guerra también hay normas, diferentes, sí, y no siempre se cumplen (y no siempre se cumplían en el Japón feudal), pero están ahí para aportar seguridad, porque contrariamente al dicho popular, no todo vale en el amor y la guerra.

La estructura del Bushido es jerárquica, como lo era la sociedad en la que se desarrolló. Arriba de todo está el señor feudal (más adelante sería el emperador, o Japón), después viene la familia y los súbditos, y por último está uno mismo. Los valores antes enumerados se colocan de forma horizontal para servir a estos tres escalones, pero siempre manteniendo este orden. Es por lo tanto un sistema moral altruista, de sacrificio y sufrimiento. La vida de uno no es lo más importante y se acepta la muerte como algo natural, dándole más importancia a los valores del Bushido. Debido a esto, el suicidio (seppuku o harakiri) era toda una institución, que servía para reparar agravios, recuperar el honor o evitar perderlo. Pero tampoco es que se buscara la muerte de manera inconsciente, ni la propia ni la ajena. La venganza era la forma de justicia más común, ya que no había tribunales ni justicia institucionalizada, el ojo por ojo era la norma. Y la venganza estaba bien vista si la falta o agravio era grande, pero si no era el caso, se valoraba más la misericordia, y lo mismo con el suicidio.

Pese a ser un código de la clase guerrera, el Bushido logró permear en la sociedad feudal al completo, gracias a que era la moral de la clase gobernante, pero también porque su origen era la filosofía china, el confucianismo y el taoísmo, y el budismo zen, ya presentes en la cultura y sociedad japonesa. Así que, una vez el feudalismo fue abolido y la clase samurái desapareció, el sistema moral de los samuráis sobrevivió, adaptándose, como una virtud que se aprecia en la sociedad japonesa incluso hoy en día.

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